
Amado Dios, esta noche me reconozco cansado. Llevo tiempo madrugando, trabajando, luchando por cosas que todavía no se concretan, y a veces me pregunto si vale la pena.
Escucho tu voz que me dice: no te rindas. No como una orden dura, sino como el ánimo de un padre que ve el esfuerzo de su hijo y sabe que está cerca de la meta.
Tú ves mis noches sin dormir y mis madrugadas de lucha. Nada de eso se pierde en tus manos. Como el agricultor que siembra con lágrimas y cosecha con cantares, confío en que llegará el tiempo del fruto.
Mientras tanto, dame descanso esta noche. Que el sueño repare mis fuerzas y que mañana me levante con ganas renovadas, no por obligación, sino por amor.
Me duermo apoyado en tu promesa de estar siempre a mi lado. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.