
Amado Dios, esta noche quiero hacer un ejercicio de libertad: soltar el pasado. Llevo cargas antiguas que ya no me sirven, recuerdos que duelen y culpas que tú ya perdonaste.
Las suelto en tus manos. Lo que fue, fue; tú puedes sanarlo y redimirlo. No quiero seguir viviendo mirando hacia atrás, como la mujer de Lot.
Quiero disfrutar mi presente. Esta casa, esta familia, este trabajo, esta fe. No es perfecto, pero es lo que tengo y es bueno. Bendigo cada cosa y cada persona que forma parte de mi vida hoy.
Y bendigo también lo que vendrá. No sé qué traerá el futuro, pero sé que tú ya estás allí esperándome. Por eso puedo caminar seguro y feliz.
Me duermo ligero, sin el peso del ayer. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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