
Amado Dios, esta noche quiero hablar contigo sobre el tiempo. Yo vivo apurado, queriendo que las cosas sucedan ya, y tú me enseñas que todo tiene su hora.
Te entrego mi vida, mis sueños, mis proyectos y mis necesidades. Algunos los quisiera resolver mañana mismo; otros me dan miedo porque no sé cuándo llegarán.
Que todo se haga según tu voluntad. Tus planes son mejores que los míos, aunque a veces tarde en comprenderlos. Lo que hoy parece retraso, quizá mañana descubra que fue protección.
Dame paciencia para esperar sin desesperar, y diligencia para hacer mi parte mientras espero. Que no me cruce de brazos, pero tampoco me angustie.
Me duermo confiado en que tus tiempos son perfectos. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.