
Amado Dios, mientras la casa se prepara para dormir, miro a mi alrededor y siento gratitud. Este techo que nos cobija es un regalo tuyo.
Gracias por mi familia: por las voces que llenan esta casa, por los abrazos, incluso por las discusiones que nos enseñan a escucharnos. Gracias por el pan de cada día, que tantas veces llega gracias a tu providencia.
Nuestra vida es dichosa no porque lo tengamos todo, sino porque te tenemos a ti. Eres el cimiento de esta casa y la razón de nuestra esperanza.
Danos tu bendición esta noche. Cuida el sueño de los niños, el descanso de los mayores y la paz de los que trabajan mañana temprano. Y no te apartes de nuestro lado, ni hoy ni nunca.
Nos dormimos bajo tu techo, que es más grande que el nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.