
Amado Dios, al terminar este lunes me siento ante ti como quien vuelve a casa después de un viaje corto. El día pasó rápido, con sus prisas y sus pequeñas victorias, y ahora quiero dejar en tus manos lo vivido y lo que viene.
Te pido protección para mí y para los míos. No sé qué traerán los próximos días, pero sé que contigo no hay sorpresa que me derrumbe. Pon un cerco de paz alrededor de nuestra casa y de nuestros corazones.
Dame también visión, Señor. A veces me pierdo en lo urgente y olvido lo importante; me distraigo con lo que brilla y descuido lo que vale. Ayúdame a mirar lejos, a saber hacia dónde voy y por qué, sin perder de vista que la meta más alta eres tú.
Regálame sabiduría para escoger bien mis palabras, mis compañías y mis prioridades. Que mis sueños no sean caprichos, sino proyectos que te agraden y que hagan bien a otros.
Esta noche descanso confiado en que tú trazas el rumbo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.