
Amado Dios, esta noche quiero entregarte algo que no suelo nombrar: mis miedos. Te doy mi vida, mis luchas, mis sueños y mis necesidades, pero también eso que me asusta.
Tengo miedo a veces de enfermar, de perder a quien amo, de no tener lo suficiente, de fracasar. Esos miedos me quitan el sueño y me roban la alegría.
Tú dijiste muchas veces: no tengan miedo. No porque no haya peligros, sino porque tú eres más grande que todos ellos. Recibo esa palabra esta noche.
Que se haga tu voluntad, Señor. Tus tiempos son perfectos y tus planes maravillosos. Lo que temo, déjalo en tus manos; lo que no puedo controlar, contrólalo tú.
Me duermo sin miedo, porque tú velas. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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