
Amado Dios, al repasar este martes descubro tu bondad en lugares inesperados: en una palabra amable, en un problema que se resolvió, en un momento de calma en medio del ajetreo.
Gracias porque pude sentir tu amor. A veces pasa desapercibido, pero esta noche lo reconozco y lo agradezco.
Pongo en tus manos mis planes, para que los ordenes; mis sueños, para que los purifiques; mis acciones, para que corrijas lo que hice mal y bendigas lo que hice bien.
Que los días que vienen estén bajo tu protección. Que haya bendiciones que pueda compartir y alegrías sencillas que me recuerden que eres un Padre bueno.
Me duermo con el corazón agradecido por tu bondad de hoy. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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