
Amado Dios, esta noche te entrego mi vida, mis sueños y mis esperanzas. No quiero dormir con ellos apretados en el puño, sino abiertos ante ti.
Permíteme vivir de tu mano. Como un niño que camina seguro porque su padre lo sostiene, quiero avanzar confiado en ti.
Guíame con amor hacia destinos de paz. Que mi vida no esté marcada por el conflicto, sino por la reconciliación. Hacia destinos de salud, para servirte con un cuerpo fuerte. Hacia destinos de felicidad, que nace de hacer tu voluntad.
Y hacia destinos de prosperidad, entendida como tener lo necesario y un corazón abierto para compartir.
Me duermo en tu mano, que nunca me suelta. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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