
Amado Dios, esta noche quiero decirte que confío en ti. No a medias, no con condiciones, sino con toda mi confianza.
Te entrego mis sueños, aunque algunos parezcan lejanos. Mis esperanzas, aunque a veces se debiliten. Mis necesidades, aunque algunas me quiten el sueño.
Confiar no es fácil. Mi tendencia es querer controlarlo todo. Pero esta noche elijo soltar y descansar en ti, como un niño que se duerme en brazos de su madre.
Guía mis pasos mañana. Concédeme días de felicidad sencilla, de salud para servir y de bienestar compartido.
Me duermo confiado, sabiendo que velas por mí. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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