
Amado Dios, termina este martes y pienso en las decisiones que tomé hoy: algunas sin pensarlas, otras con cuidado. Pongo todas ante ti.
Las que fueron buenas, bendícelas para que den fruto. Las que fueron equivocadas, ayúdame a corregirlas con humildad. Las que dejé para mañana, ilumíname mientras duermo.
Te confío también la vida de mi familia y nuestros sueños. Guíanos en cada paso, para que no nos dispersemos en caminos distintos, sino que avancemos unidos.
Danos tu amor, que es el mejor consejero. Danos tu bendición, que hace fecundo lo que sembramos. Y líbranos de todo mal, especialmente del egoísmo que separa a las familias.
Esta noche descansamos sabiendo que mañana nos seguirás guiando. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.