
Amado Dios, al final del día te entrego mis esfuerzos. Lo que trabajé, lo que intenté, lo que logré y lo que se quedó a medias.
Pongo en tus manos también mi vida y mis sueños. Que no se pierdan en el cansancio de la rutina.
Guíame con tu luz. En la oscuridad de esta noche, tu luz me recuerda que nunca camino a ciegas si voy contigo.
Bendice cada paso que doy, los firmes y los torpes. Que mañana se abran oportunidades buenas y que sepa reconocerlas. Que mis días estén llenos de paz y de bendiciones compartidas.
Me duermo confiando en que mañana seguirás guiándome. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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