
Amado Dios, esta noche pienso en los caminos que parecen cerrados en mi vida: puertas que no se abren, situaciones estancadas, proyectos que no avanzan.
Te pido que seas tú quien abra caminos. No a la fuerza, sino según tu sabiduría. Y si una puerta debe quedarse cerrada, dame paz para aceptarlo y ojos para ver la que abres en otro lado.
Cuida de mí y líbrame de todo mal. De los peligros de la noche, de las malas noticias, de los pensamientos que me quitan la paz.
En tus manos amorosas y bondadosas pongo mi vida, mi hogar y mi amada familia. No hay lugar más seguro que ese.
Me duermo esperando los caminos que abrirás mañana. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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