
Amado Dios, esta noche, cuando apague las luces de la casa, quiero que tu luz siga encendida en mi corazón.
Cada día que pasa te necesito más. Antes pensaba que la fe era para los momentos difíciles; ahora sé que la necesito para respirar.
Permite que tu presencia brille en mi vida. Que no se apague con el cansancio, ni con las dudas, ni con las tristezas.
Que brille también en la vida de mi familia y de mis amigos. Que donde ellos duerman esta noche, haya una luz tuya que los cuide y los guíe.
Me duermo sabiendo que tu luz nunca se apaga. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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