
Amado Dios, gracias por este martes que me regalaste. Al terminarlo, te entrego tres cosas que llevo en la mente.
Mis planes: lo que quiero hacer mañana y en los próximos meses. Ordénalos según tu sabiduría.
Mis preocupaciones: lo que no puedo controlar y me quita el sueño. Recíbelas, porque son demasiado pesadas para mí.
Mis sueños: lo que anhelo profundamente. Purifícalos y, si son buenos, ayúdame a alcanzarlos.
Guíame y protégeme. Que mañana se presenten oportunidades buenas y alegrías sencillas. Me duermo con la mente en paz. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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