
Amado Dios, esta noche te confieso que estoy atravesando pruebas. No las elegí, pero están ahí, y a veces me cuesta seguir adelante.
Dame fuerza, Señor. No una fuerza que me haga duro, sino una que me mantenga en pie con el corazón blando. Que las dificultades no me amarguen ni me alejen de ti.
Cada día te necesito más. Antes creía que podía solo; ahora sé que sin ti me pierdo. Esa necesidad, lejos de avergonzarme, me acerca a ti.
Confío en que, de tu mano, mis necesidades se irán resolviendo, a tu modo y a tu tiempo. Y confío en que mis sueños, si te agradan, irán tomando forma.
Me duermo en tus brazos, que son mi descanso en medio de la lucha. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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