
Amado Dios, esta noche te invito a recorrer mi casa, habitación por habitación, como un huésped querido que bendice todo lo que toca.
Pasa por la cocina y bendice nuestro pan; que nunca falte y que siempre sepamos compartirlo. Pasa por las habitaciones y llévate las preocupaciones que no dejan dormir. Pasa junto al enfermo y pon tu mano sobre su dolor.
Cuida a mi familia. Protégela de los peligros visibles e invisibles. Sana las heridas del cuerpo y también las del corazón, esas que nadie ve pero que pesan.
Bendice a mis amigos, que son familia elegida. Y aleja de nuestra casa al enemigo que siembra discordia, desconfianza y miedo.
Que tu presencia se quede en cada rincón mientras dormimos. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.