
Amado Dios, esta noche te traigo mis preocupaciones. Las he cargado todo el día como piedras en una mochila, y ya no puedo más.
Te entrego la preocupación por el dinero, por la salud, por el futuro de mis hijos, por el trabajo. Te entrego también esas inquietudes difusas que no sé nombrar pero que me quitan la paz.
Junto con ellas te entrego mis sueños y anhelos, para que no se pierdan entre tanta preocupación. Que no deje de soñar por estar siempre angustiado.
Bendíceme y guía mis pasos mañana. Que me levante con el corazón más ligero, sabiendo que lo que me preocupa está en buenas manos.
Concédeme paz y una alegría sencilla. Y que aprenda, poco a poco, a preocuparme menos y a confiar más. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.