
Amado Dios, al final de este martes quiero agradecerte el día. Fue un regalo tuyo, con sus horas buenas y sus horas difíciles.
Pongo en tus manos mi vida y mis sueños, y también mis preocupaciones, para no llevarlas a la cama. Tú puedes con ellas mejor que yo.
Bendice mi hogar. Que sus paredes guarden conversaciones sinceras, risas compartidas y silencios llenos de paz. Que sea un lugar donde cualquiera que entre se sienta acogido.
Bendice a mi familia con paz, para que convivamos sin heridas; con salud, para servirte; con felicidad, para disfrutar lo sencillo; con prosperidad, para vivir con dignidad y ayudar a otros.
Esta noche dormimos bajo tu bendición. San José, protector de los hogares, cuida el nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.