
Padre bueno, al caer la noche de este martes me detengo un momento para estar contigo. Dejo atrás el ruido del día y busco tu presencia en el silencio.
Te doy gracias por las pequeñas bendiciones que a veces paso por alto: el pan en la mesa, una palabra amable, el trabajo de mis manos y las personas que me acompañan.
Tú conoces lo que llevo dentro. Si hoy me sentí cansado, confundido o desanimado, recíbeme así como estoy y renueva mi confianza en tu amor de Padre.
Te encomiendo a mi familia y a mis seres queridos, a los que están lejos y a los que necesitan consuelo esta noche. Que tu paz llegue a cada hogar y que nadie se sienta olvidado.
Calma mis pensamientos inquietos y enséñame a soltar lo que no depende de mí. Que tu ángel guarde mi descanso y que la Virgen María me cubra con su manto.
Mañana será un nuevo día en tus manos, y esta noche descanso confiado en tu cuidado. Amén.