
Amado Dios, esta noche te pido que mis días estén llenos de ti: de tu amor, que me sostiene; de tu bondad, que me rodea; de tu compañía, que me consuela.
Que se haga tu voluntad en mi vida. No la mía, que a veces es caprichosa y corta de vista, sino la tuya, que es siempre amor.
Me cuesta rendirme a tu voluntad cuando no coincide con la mía. Dame un corazón dócil, como el de María, que dijo sí sin entenderlo todo.
Que de tu mano pueda vivir en paz, prosperidad y bendición.
Me duermo rendido a tu voluntad. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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