
Amado Dios, esta noche recuerdo el salmo que dice: el Señor es mi pastor, nada me falta. Lo repito despacio antes de dormir.
Pongo mi vida y mis anhelos en tus manos. Lo que deseo y lo que necesito, todo lo conoces.
Confío en que me darás días buenos, no sin dificultades, sino con tu bendición en medio de ellas. Tú estás conmigo, y eso cambia todo.
Si tú estás conmigo, no me faltará lo necesario. Quizá no tenga todo lo que quiero, pero tendré lo que me hace bien. Y tendré tu presencia, que vale más que cualquier cosa.
Me duermo como oveja en brazos del pastor. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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