
Amado Dios, la noche cae y las sombras se alargan, pero yo sé que tú eres la luz que ilumina mi vida.
Proclamo con fe que los días que vienen serán de bendición. No porque yo lo merezca, sino porque tú eres generoso.
Tú guías mi camino. Cuando no veo, tú ves. Cuando dudo, tú sabes. Cuando me pierdo, tú me encuentras.
Donde tú estás no falta nada. Quizá falten cosas materiales, pero no falta paz, ni esperanza, ni amor. Contigo tengo lo esencial.
Me duermo iluminado por tu presencia. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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