
Amado Dios, esta noche te entrego mi vida y la de mi familia. Con ella van nuestros sueños, pero también nuestros afanes.
Los afanes son las cosas que nos ocupan y nos agotan: el trabajo, las responsabilidades, las preocupaciones económicas. Te las doy para que no nos roben el descanso.
Los anhelos son lo que esperamos: una casa mejor, un trabajo estable, salud para todos, unidad familiar. Bendícelos según tu voluntad.
Confío en ti y en tu bondad. Sé que de tu mano los días que vienen serán de paz, alegría y prosperidad.
Nos dormimos en tu confianza. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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