
Padre misericordioso, llego a la mitad de la semana y esta noche me detengo para darte gracias. Has sostenido mis días y no me has dejado solo.
A veces el cansancio me hace pensar que falta mucho, que las fuerzas no alcanzan. Renueva mi esperanza, Señor, y recuérdame que cada día tiene su propio afán y su propia gracia.
Te agradezco por las pequeñas alegrías de hoy: una sonrisa, una llamada, un problema que se resolvió. Que aprenda a ver tu mano en lo cotidiano.
Perdona mis descuidos y mis impaciencias. Sana lo que se haya herido en mis relaciones y dame la oportunidad de reconciliarme mañana.
Cuida a los que están lejos de casa, a los migrantes, a los que viajan y a los que extrañan a su familia. Que tu amor acorte las distancias.
Descanso en ti, que eres mi esperanza. Guárdame esta noche. Amén.