
Padre bueno, termina la semana laboral y esta noche de viernes quiero dejar en tus manos todo lo que he cargado en estos días.
Gracias por haberme acompañado de lunes a viernes, por cada esfuerzo que diste fruto y por la paciencia que me tuviste cuando fallé.
Te entrego mis preocupaciones: las de trabajo, las de dinero, las de salud y las de mi familia. Tú dijiste que no nos inquietemos por el mañana; ayúdame a creerlo de verdad.
Que este fin de semana sea un tiempo de descanso sano, de encuentro con los míos y de cercanía contigo. Aleja de nosotros los excesos y las discusiones.
Protege a los jóvenes que salen esta noche, a los que viajan por las carreteras y a los que trabajan mientras otros descansan. Tráelos a casa con bien.
Me acuesto en paz, sabiendo que tú cuidas de mí. Amén.